sábado, 20 de diciembre de 2014

La cocina de mi abuela:





Vivir la cocina: La experiencia de mi abuela, es guía y remanso.

Tengo una bella biblioteca plena de tomos solemnes, gordos, que guardan cientos de finas líneas hechas a lápiz de aquellos años en los que era estudiante. Ir una y otra vez a su encuentro es para mí un paseo por carreteras conocidas y siempre renovadas. ¡Qué joven era cuando los leí por primera vez! En ellos, escribía con suavidad algunas palabras, pequeñas ocurrencias…
Leer nuevamente esos textos siempre es renovador y familiar a la vez, entre ellos hay ejemplares de ciencia, filosofía, literatura, y los diversos libros de cocina en los que me encuentro no solo con una simple receta sino con tantas anécdotas como momentos familiares compartidos. Esos momentos simples que rinden culto a las pequeñas cosas: aquellas que nos hacen sentir vivos y amar a todos, aquellas que nos alejan de las tristezas y de las frivolidades y nos hacen a valorar a los afectos. Las antiguas anotaciones en grises papeles me recuerdan todos los consejos de Gina. La cocina nunca fue un castigo, más bien un lugar dónde la familia se reúne a compartir el pan y agradecer los dones recibidos. Hoy llamamos ecología, cuidado del medioambiente, aprovechamiento de los recursos alimenticios, antes, en la época de mi abuela, era simplemente agradecimiento y cuidado por aquellos bienes que Dios nos proveía cada día y que nunca debíamos desaprovechar.
Leer las antiguas recetas mil veces practicadas en familia, ver las hojas envejecidas, sin duda, me han transportado a otro tiempo. Pequeños recuerdos que me dan fuerzas para no claudicar nunca y seguir creyendo que el único camino posible es el que está signado por el amor, el trabajo, la honestidad y el compartir con total desinterés con los demás.
¿Quién me hubiera dicho en aquellos tiempos en los que solía viajar desde la madrugada y regresar a casa ya de noche después de una larga jornada, colgada del estribo de un colectivo (y casi siempre con la panza vacía ¡no soportaba comer sola en un bar!), que hoy renovaría mi encuentro con esos textos a través de un ejercicio de enseñanza y aprendizaje siempre constante? ¿Y quién me hubiera dicho que recreando la cocina de mi abuela encontraría un lugar de experimentación y de enseñanza y aprendizaje?
El encuentro con mis viejos libros de cocina tiene para mí un doble valor: la comprensión de aquellos que me enseñaron lo que sabían de cocina (léase mis abuelas y las maestras de cocina); y el de mi propio tesón a la hora de querer siempre aprender.
Soy simplemente una curiosa de la vida. Una persona que simplemente ama y  está dispuesta a escuchar las necesidades de los demás con un corazón abierto. Tanto en aquellos tiempos como en los días actuales, los cambios de la vida moderna, los cambios laborales y económicos han repercutido en los hogares y no siempre de modo benéfico. Los cambios laborales para nosotras las mujeres ya lleva varias décadas y nos llevó a modificar viejas pautas de “HACERLO TODO A MANO”. La industria nos favorece hoy con variados electrodomésticos y además comidas pre elaboradas. Pero el sabor de lo casero y natural retorna a nosotros con fuerza. Hoy en día estamos retornando a las fuentes: nada más bello que amasar un pan para los seres queridos, y además aprovechando los conocimientos renovados en dietética, economía, aplicación de nuevos productos gastronómicos que nos ayudan en nuestra tarea cotidiana.
Desde la cocina sencilla y tradicional de siempre nos proponemos proveer de un sistema que contemple las necesidades de las familias de hoy, que  ayude a diseñar las compras, el menú semanal, o festivo, ahorrar en tiempo y recursos, acorde con la vida actual, es uno de nuestros desafíos. Nada tan diferente a lo acontecía en los día de juventud de nuestras abuelas que con amor y generosidad hacían que en cada plato hubiera lo suficiente y a nadie le faltara su porción del día.



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